Las páginas de Efraín Bischoff

Eran aquellos días, después del 25 de Mayo de 1810, cuando no pocos querían terminar con los problemas políticos con un escopetazo, mientras en la vereda de enfrente se apasionaban los preparadores de una briosa arenga para voltear al enemigo, en tanto que la mayoría de los habitantes podían con sus rogativas, casi ingenuamente, que del Cielo bajara la salvación…

Córdoba estaba en medio de aquel panorama. Los vientos ariscos de la pampa hacían sonar los campaniles de los templos y cuando del norte llegaban los ventarrones con polvo hacían que los caballeros salieran para sus compromisos sociales teniéndose la galera, y en las pulperías más se arrimaban a la reja del mostrador y sorbían de un trago el contenido de un vaso de caña…mientras tanto, en el palenque, la caballada parecía dormitar…

Diariamente había novedades de distinto color. Era posible que después de la visita a un amigo, se enterara el que había ido a saludar al dueño de casas que este habíase complicado en un asalto para cuando el que creía amigo volvía tranquilamente a su mansión. No es antojo nuestro el decir semejante cosa, pues cuando uno se mete entre los papelotes del Archivo Histórico de la Provincia tiene a montones señales de haber ocurrido tal circunstancia y no solamente en las clases de poca monta, sino también en las de alcurnia y que se emperifollaban con sus apellidos. Dejemos esos recuerdos porque, en definitiva, tienen un amargo sabor…

Aunque no pocos lo negaran, las miradas estaban puestas hacia lo que disponían las autoridades instaladas en Buenos Aires. Así fue que caminaban los días hacia fines del año 1811 se tuvo en Córdoba una novedad interesante, con origen en las autoridades del Triunvirato, que funcionaba en la orilla del Río de la Plata. Autores hubo siempre preocupados por saber -y no solamente en la provincia cordobesa- cuántos eran los mortales que habitaban en diversas regiones. Por ejemplo, en 1921, los historiadores Antonio Larrouy y Manuel Soria escribieron un folleto titulado “Autonomía catamarqueña”, en el cual aclararon muchas instancias de la población allí existente, como también de otros asuntos de interés público.

En Buenos Aires, quienes mandaban en el gobierno siempre estaban alertas para saber qué pasaba entre los que mandaban en el interior. Además, las autoridades se cambiaban, muchas veces para no tener que resolver problemas como ellas querían pero tenían sus opositores en la mayoría del pueblo. Y otra vez los problemas afiebraban a quienes llegaban a los cargos más altos. Aconteció que el Triunvirato, en Buenos Aires, el 26 de diciembre de 1811 había resuelto ser necesario levantar un censo de población, para conocer, aunque fuera aproximadamente, cuántos eran los habitantes de las distintas regiones del país. En el pliego enviado a las autoridades de nuestra Córdoba, aún se puede leer que el Triunvirato consideraba ser “de mucha importancia a las benéficas miras del Gobierno, tener a la vista un estado exactísimo de la populación de nuestro Continente y de cada una de sus Provincias y Pueblos que las componen en particular”. (Archivo Histórico de la Provincia. Gobierno. T. 33. Folio 792).

Lo que se les pedía a las autoridades de Córdoba no era una novedad, pero tenía su importancia. Y no era la vez primera porque el 10 de noviembre de 1776 las autoridades españolas habían ordenado que se efectuara un censo, el que dio como resultado existir aquí 40.222 habitantes, todo lo cual se hizo saber a quienes desde la península hispánica habían ordenado aquel escrutinio. Y al parecer no hubo ninguna protesta…

Subrayamos que a fines de diciembre de 1811 llegó desde Buenos Aires la orden de hacer el censo en Córdoba, como en otras provincias. Aquí estábamos con otros menesteres, pues el 10 de julio de 1811 habíase alejado del gobierno Diego José de Pueyrredón, quedando el manejo político y administrativo en manos de la Junta Provincial de Gobierno y el Cabildo de Córdoba, llegando a reemplazarlos un militar, Santiago Carrera, el 17 de enero de 1812, quien tuvo muchos sinsabores y debió marchar hacia Cuyo el 4 de junio de 1813. Otro militar lo reemplazó, Francisco Javier de Viana, el 13 de junio de 1813 y quedaría hasta el 9 de marzo de 1814, siendo durante su mandato que terminaba el censo.

Las autoridades encabezadas por Carrera no habían cumplido con lo ordenado. En Buenos Aires advirtieron aquella falla y reiteraron que debía efectuarse el censo. Alguno de los cabildantes se puso firme en una reunión señalando cómo habían quedado mal parados ante los de Buenos Aires. Así el Cabildo, el 27 de julio de 1812 designó a los alcaldes y jueces que en la ciudad y en la campaña realizarían el empadronamiento. (Actas Capitulares. Libros 45 y 46, Pág. 487. Córdoba, 1960).

Debieron ser más responsables los que habían sido encargados de aquella tarea, pues comenzaron a trabajar y al final se supo que había un total de 62.176 habitantes en la provincia, de los cuales 8.449 correspondían a la ciudad capital. (Debemos advertir que hace largos años, dos autores, José W. Dorflinger y Carlos A. Gómez, hicieron un trabajo denominado “Resultados de la recopilación de datos sobre el censo de 1813”, y que por nuestra parte lo señalamos en la “Historia de Provincia de Córdoba. T. 1. Pág., 148. Buenos Aires, 1968).

Aquel censo de 1813 había dado muchas vueltas y revueltas a quienes debían efectuarlo. Pero al fin lo hicieron, y según se afirma, Córdoba fue la única provincia que cumplió… ¡menos mal!…

§150 · noviembre 10, 2010 · General · · [Imprimir]

los comentarios están deshabilitados.